XXXIII DOMINGO ORDINARIO

806 visitas

Lecturas: Mal 3, 19-20a; 2Tes. 3, 7-12; Lc. 21, 5-19.

Un tema presente en la conciencia de los primeros cristianos era el de la parousía, el advenimiento en gloria del Señor resucitado, su segunda aparición, ya no como humilde siervo, sino como juez supremo; aquél acontecimiento anunciado por Malaquías y otros profetas: “Ya viene el día del Señor, ardiente como un horno, y todos los soberbios y malvados serán como la paja. El día que viene los consumirá, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles ni raíz ni rama. Pero para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia, que les traerá la salvación en sus rayos.”

Algunos pensaban que el día del Señor, ardiente como un horno, era inminente. Pablo parece pensar así, cuando escribe a los Corintios: “Os comunico un secreto: no todos moriremos, pero todos nos transformaremos. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al último toque de trompeta que tocará, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros nos transformaremos. Esto corruptible tiene que revestirse de incorruptibilidad y lo mortal tiene que revestirse de inmortalidad. Cuando lo corruptible se revista de incorruptibilidad y lo mortal de inmortalidad, se cumplirá lo escrito: La muerte ha sido aniquilada definitivamente.” (1 Cor 15, 51-54)Al decir Pablo que no todos moriremos, quizá pensaba que en el breve lapso de su vida mortal iba acontecer la venida en gloria del Señor.

Ante esta posible inminencia de la parousía, había algunos cristianos que pensaban que ya no era necesario hacer nada, sino solamente esperar pasivamente. Contra estos cristianos que “viven como holgazanes, sin hacer nada, y además, entrometiéndose en todo”, Pablo apela a su testimonio como trabajador esforzado: “Ya saben cómo deben vivir para imitar mi ejemplo, puesto que, cuando estuve entre ustedes, supe ganarme la vida y no dependí de nadie para comer; antes bien, de día y de noche trabajé hasta agotarme, para no serles gravoso. Y no porque no tuviera yo derecho a pedirles el sustento, sino para darles un ejemplo que imitar. Así, cuando estaba entre ustedes, les decía una y otra vez: El que no quiera trabajar, que no coma.”

Y suplica y ordena con fuerza y con la autoridad del Señor Jesús a esos cristianos apáticos a que se pongan a trabajar en paz para ganarse con sus propias manos la comida. Así que la venida del Señor nos debe alentar a trabajar con más ahínco por la transformación de este mundo, a comprometernos con más fuerza a que, en este mundo y ya desde ahora, la muerte sea aniquilada definitivamente.

En ese día del Señor, los soberbios y malvados serán consumidos como la paja, dice el profeta Malaquías. Los justos, en cambio, brillarán como estrellas por toda la eternidad. Con esas sentencias se nos asegura el triunfo de la equidad sobre la injusticia. Ese triunfo, sin embargo, no será posible sin nuestro compromiso, sin nuestra intervención.

Vivimos momentos, a nivel mundial, en los que parece que ese triunfo de la equidad se aleja. En tiempos difíciles como los que corren, hay dos posibilidades de vivir la vida. La primera es esconder la cabeza ante el conflicto y la dificultad, como el avestruz. Cruzarse de brazos con indiferencia, disculpándonos en la idea de que nosotros somos demasiado pequeños para cambiar el mundo. Ser de aquellos que, como denuncia Pablo, “viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada pero entrometiéndose en todo.” Aprovecharnos de la desgracia y lucrar a costillas de los demás.

La segunda posibilidad es vivir nuestra vida como una entrega, trabajando y cansándonos día y noche, a fin de no ser carga para nadie; manteniéndonos firmes y fieles a pesar del conflicto, sabiendo que Dios nos sostiene. Nosotros estamos “rodeados de una nube densa de testigos” (Heb 12, 1), hombres y mujeres que han vivido de esta manera y han conseguido la vida.

No hemos, pues, leer el evangelio de hoy como si nos estuviera anunciando una destrucción que advendrá, aunque así pudiera parecer por algunas frases. En realidad, el mensaje evangélico de hoy y de siempre es una vida sostenida en el amor, la fidelidad y entrega de Jesús, que se mantiene firme en la dificultad.

Ciertamente, Jesús nos dice hoy palabras difíciles de escuchar, como estas: “los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí. Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes. Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá.”

Pero lo hace, creo yo, no para asustarnos ni desalentarnos, sino todo lo contrario. Lo hace para sostener nuestra fe en estos tiempos difíciles. Porque la fe se sostiene en el testimonio martirial de quienes se mantienen firmes. De tantos hombres y mujeres que, siendo cristianos o no, han mantenido su entrega amorosa a favor de los demás, a pesar de las dificultades.

Ahora que han sido las elecciones en Estados Unidos, tan determinantes no sólo para el país del norte sino también para el nuestro y para el mundo entero. Ahora que se empiezan a sentir las repercusiones en la economía, con el alza del dólar. Ahora que el futuro de la humanidad parece más incierto, la invitación de Jesús se sostiene. Y su invitación es ésta: Si ustedes se mantienen firmes, conseguirán la vida.

En otro pasaje del evangelio de Mateo, Jesús nos dice: “Vosotros sois la luz del mundo…No se enciende un candil para taparlo con un celemín, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa. Brille igualmente vuestra luz ante los hombres, de modo que al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre del cielo.” Esta es la manera de hacer que brille para nosotros el sol de justicia, que nos traerá la salvación en sus rayos.

Antonio Kuri Breña Romero de Terreros, msps.

Comentar

Abrir chat
¡Hola! ¿En qué podemos ayudarte?
Powered by