XX DOMINGO ORDINARIO

768 visitas

Las lecturas de este domingo no son más fáciles que las del domingo pasado. El domingo anterior, Jesús anunciaba a sus discípulos que él no ha venido a traer paz a la tierra sino división. Decía que ha venido a traer fuego a la tierra y que desea que ya esté ardiendo; que tenía que recibir un bautismo y que se angustiaba esperando su llegada. De esta manera aludía probablemente al desenlace conflictivo y violento de su vida.

Las lecturas de hoy se enmarcan, precisamente, en su camino a Jerusalén. En la simbología de Lucas, Jerusalén es el lugar geográfico en el que Jesús tuvo que afrontar el conflicto supremo de la muerte en cruz. Encaminarse a Jerusalén significaba para él entrar por la puerta angosta y andar por el camino estrecho del que él mismo nos habla.

En efecto, ante la pregunta de uno: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” Jesús no parece dar una respuesta fácil, sino exigente: “Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos intentarán entrar, pero no podrán. Después que el amo de la casa se levante y cierre la puerta, los que de ustedes hayan quedado fuera comenzarán a golpear la puerta diciendo: ¡Señor, ábrenos! Pero él les contestará: No sé de dónde son ustedes. Entonces dirán: ¡Nosotros hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas! Pero él les replicará: ¡No sé de dónde son ustedes! ¡Apártense de mí, todos ustedes que se pasan la vida haciendo el mal!

¿Por qué, de pronto, Jesús habla en este tono? Jesús pronuncia palabras tajantes y duras. En un tono áspero afirma que él no tiene nada que ver con quienes se pasan la vida haciendo el mal. Nos invita a esforzarnos por entrar por la puerta estrecha. No permite medias tintas. En la versión de Mateo, dirá: “Tengan cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes haciéndose pasar por ovejas, cuando en realidad son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán, pues no pueden recogerse uvas de los espinos, ni higos de los cardos. Todo árbol sano da buenos frutos, mientras que el árbol enfermo da frutos malos. Por el contrario, el árbol sano no puede dar fruto malo, como tampoco puede dar buen fruto el árbol enfermo. Los árboles que dan mal fruto se cortan y se hace una hoguera con ellos. Así pues, también ustedes conocerán a los falsos profetas por sus frutos” (Mt 7, 15-20)

Jesús nos da un criterio de discernimiento: los frutos, las obras. El árbol sano da frutos buenos, el árbol malo da frutos malos. El árbol se conoce por sus frutos. No son los bellos discursos, sino los frutos, los que cuentan. No basta con haber “comido y bebido” con Jesús. No basta con haber escuchado sus enseñanzas en nuestras plazas, pues, como dice también Mateo: “No todo el que me diga, “¡Señor, Señor!” entrará en el Reino, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre que está en el cielo.” (Mt 7, 21)

El mensaje queda claro: no es suficiente con decir, hay que hacer. Los falsos profetas dicen una cosa y hacen otra. Se anuncian como servidores del bien, pero se dedican a la maldad. Jesús pronuncia palabras duras contra los falsos profetas, como estas: “ustedes llorarán y rechinarán sus dientes cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras ustedes son arrojados fuera.”

Pero me pregunto yo: ¿Quién de nosotros no ha experimentado alguna vez una tremenda distancia entre lo que dice y lo que hace? Aún cuando estemos profundamente comprometidos, muchas veces se nos puede acusar de que no estamos viviendo alineados con nuestros valores. De hecho hoy los líderes en general -y ciertamente también los líderes religiosos- no gozamos de ninguna buena prensa en este sentido. Con frecuencia se nos acusa de ser falsos profetas. Ante esto, me consuela pensar que el único que puede juzgar es Dios. Y que a nosotros nos toca dejarnos corregir por Dios, dejarnos exhortar por él para que nuestro hacer y nuestro vivir sean auténticos y congruentes.

Esto es lo que nos recuerda la carta a los Hebreos: “Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda. Porque el Señor corrige a los que ama, y da azotes a sus hijos predilectos. Soporten, pues, la corrección, porque Dios los trata como a hijos; ¿y qué padre hay que no corrija a sus hijos? Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría, sino más bien tristeza. Pero después produce, en los que la recibieron, frutos de paz y de santidad.”

Nos toca dejarnos confrontar humildemente por las palabras y la invitación de Jesús a entrar por la puerta estrecha. Nos toca robustecer nuestras manos cansadas y nuestras rodillas vacilantes; caminar por un camino plano, para que el cojo ya no se tropiece, sino más bien se alivie. Nos toca permanecer en el seguimiento de Jesús, con autenticidad y en congruencia.

Y para ello, para permanecer en la alegría del seguimiento de Jesús, es necesario renovar la esperanza en un futuro bueno. El pueblo de Israel, que emerge entre los escombros después de la dura experiencia del exilio en Babilonia, este pueblo que se reconstruye en medio de las ruinas, escucha al Tercer Isaías, lleno de esperanza: “Esto dice el Señor: “Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua. Vendrán y verán mi gloria. Pondré en medio de ellos un signo, y enviaré como mensajeros a algunos de los supervivientes hasta los países más lejanos y las islas más remotas, que no han oído hablar de mí ni han visto mi gloria, y ellos darán a conocer mi nombre a las naciones.

“Así como los hijos de Israel traen ofrendas al templo del Señor en vasijas limpias, así también mis mensajeros traerán, de todos los países, como ofrenda al Señor, a los hermanos de ustedes a caballo, en carro, en literas, en mulos y camellos, hasta mi monte santo de Jerusalén. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas.”

No se puede entrar por la puerta estrecha estando agobiados por el desaliento. El Señor siempre viene a animarnos a la autenticidad y la congruencia, recordándonos que él viene para reunir a las naciones de toda lengua. Y que todos vendremos y veremos su gloria. Que nos espera un futuro bueno y promisorio.

 Antonio Kuri Breña Romero de Terreros, msps.

Comentar

Abrir chat
¡Hola! ¿En qué podemos ayudarte?
Powered by