Ver a Jesús… Zaqueo

61 visitas

31 domingo del tiempo ordinario – 3 nov 2019 –

La imaginación casi infantil de Zaqueo choca con la seriedad en el cumplimiento de la ley de los Escribas, Fariseos y Sumos sacerdotes. Querer ver a Jesús no es cualquier cosa. Jesús pasó por Jericó una sola vez y Zaqueo aprovechó al máximo el paso de Jesús por su vida. Querer ver a Jesús lo llevó a encontrarse con él a recibirlo en su casa y a iniciar un nuevo proyecto de vida, todo un plan aplicado y aplicable de la conversión.

Este es el evangelio del domingo 31 del tiempo ordinario: “Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar Jesús levantó los ojos y dijo: Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa. Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, lo restituiré cuatro veces más. Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido” (Lc 19, 1-10).

Buscar y salvar; buscar, encontrar y salvar. Esa es la dinámica de la encarnación, del envío del Espíritu Santo, de la misión de Jesús.

Hay dos momentos en la vida de Zaqueo; hay un antes de y un después de: antes de encontrarse con Jesús y después de su encuentro con él. Es interesante porque este antes está plagado de injusticias, fraudes, infidelidades, riquezas. Sin embargo, había una “sana curiosidad”: ver a Jesús. El después está marcado por la conversión a una vida nueva, generosa, de desprendimiento y de una alegría inmensa.

Aquí es cuando afirmo que, para encontrarse con Jesús en cualquiera de sus múltiples presencias, no podemos poner condiciones; aquí es donde veo que después del encuentro con Jesús vienen las consecuencias. No puede permanecer indiferente, superficialmente satisfecho y alegre; al contrario, se da una afectiva y efectiva conversión de palabras y de obras.

¿Hizo Zaqueo lo que habló con Jesús? No lo dice el evangelio, pero se supone que sí porque “también este es hijo de Abraham y el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”. Jesús nunca defrauda, compromete; Jesús no se queda en lo superficial, llega a lo hondo de la persona en su tiempo y eternidad; Jesús nunca olvida sus promesas, siempre es fiel a su palabra hasta comprometer su vida en la entrega apasionada de la cruz.

Zaqueo, ese chaparrito afortunado, era considerado por su entorno como un pecador, indigno, por lo mismo, de que el Maestro se hospedara en su casa. Pero se junto la curiosidad de Zaqueo con la iniciativa de Jesús. ¡Cuántos encuentros marcan un sentido definitivo en la vida!

En nuestros retiros kerigmáticos de evangelización queremos favorecer ese encuentro con Jesús que siempre está ahí en el camino de nuestra vida, después los invitamos a experimentar su salvación y, por lo mismo, declararlo el Señor de nuestra vida, de toda nuestra vida. Sería un punto de inflexión de nuestra vida que en todo un proceso no tiene ya ninguna detención como lo vivió como el Apóstol san Pablo: “Oramos para que Dios nos haga dignos de la vocación a la que los ha llamado, y con su poder, lleve a efecto todos los buenos propósitos que han formado, como lo que ya han emprendido por la fe” (1 Tes 11-12).

Zaqueo, publicano, pecador, encontrado por Jesús, convertido a la solidaridad y a la justicia, a la verdad y el amor. Seguramente siguió su vida bajo el impacto del encuentro y las palabras del Maestro.

¿Y que nos dice el libro de la Sabiduría? Merece la pena leerla con calma y ampliar la imaginación para vivir mejor:

“Señor, delante de ti, el mundo entero es como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero…”

“Te compadeces de todos…”

“Porque tú amas cuanto existe y no aborreces nada de lo que has hecho…”

“Pues si hubieras aborrecido alguna cosa no lo hubieras creado…”

“Tú perdonas a todos, porque todos son tuyos…”

“Señor, que amas la vida, porque tu espíritu inmortal, está en todos los seres…”

“Por eso, a los que caen, los vas corrigiendo poco a poco, los reprendes y les traes a la memoria sus pecados…”

“Para que se arrepientan de sus maldades y crean en ti, Señor” (Sab 22 – 12, 2).

P. Sergio García, MSpS

Imagen destacada: Icono Bizantino.

Comentar

¡Hola! ¿En qué podemos ayudarte?
Powered by