V DOMINGO ORDINARIO, CICLO B

603 visitas

Lecturas: Lev13, 1-2.44-46; 1Cor 10, 31-11,1; Mc 1, 40-45.

 

La enfermedad de la lepra en la antigüedad constituía una causa de estigmatización para quien la sufría. El leproso se convertía en un peligro para la entera comunidad. Para que no contaminara al resto se le declaraba impuro, se le obligaba a traer la ropa descosida y la cabeza descubierta, tenía que cubrirse la boca e ir anunciando a gritos: “¡Estoy contaminado! ¡Soy impuro!”. Mientras le durase la lepra, estaba condenado a vivir solo, fuera del campamento. Y si alguien tocaba a un leproso, ése tal quedaba contaminado y sufría la misma suerte que el impuro.

Hay que tener en cuenta todo esto, para comprender a cabalidad el evangelio de hoy. Cuenta Marcos que “se le acercó a Jesús un leproso y, puesto de rodillas, le suplicó: Si quieres, puedes sanarme. Él se compadeció, extendió la mano, lo tocó y le dijo: Lo quiero, queda sano. Al punto se le fue la lepra y quedó sano.

“Después le amonestó y le despidió encargándole: “Cuidado con decírselo a nadie. Ve a presentarte al sacerdote y, para que le conste, lleva la ofrenda de tu sanación establecida por Moisés. Pero al salir, aquel hombre se puso a pregonarlo y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en despoblado. Y aun así, de todas partes acudían a él.”

¿Por qué razón “Jesús ya no podía presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en despoblado”? Probablemente porque al tocar al leproso para curarlo, él mismo había quedado impuro, contaminado, estigmatizado.

Carlos Gil afirma: “Las curaciones, exorcismos y comidas de Jesús parecen apuntar que el lugar sociorreligioso de Jesús era el margen y esto le hizo cargar con una etiqueta estigmatizante. Jesús parece no solo asumir consciente y voluntariamente este estigma, sino que en algunos momentos parece intensificarlo. Es como si estos rasgos estigmatizantes fuesen la elección de Jesús para vivir y transmitir el mensaje del Reino de Dios.

“Este estilo de vida de Jesús, marcado por el estigma voluntario, coincide con lo que algunos sociólogos han descrito como autoestigmatización, que, según la sociología de la desviación, es un proceso por el que un carismático trata de asumir un estigma social y reevaluarlo positivamente para construir una alternativa a una situación negativa[1].”

Al comer con publicanos y pecadores, al curar a los enfermos a través del contacto físico, al expulsar a los demonios, Jesús se autoestigmatiza a sí mismo: se pone expresamente al lado de quienes la sociedad excluye y desprecia. De esta manera, provoca una subversión de valores en la sociedad de su tiempo. Aquéllos que son etiquetados, excluidos y segregados por los sectores sociales mejor situados, resultan ser los privilegiados por Jesús en su trato y en sus relaciones.

Y esta inversión de valores que propone Jesús, este privilegiar a quienes son estigmatizados por los poderosos de su tiempo y la consecuente autoestigmatización de su propia persona, no es una actitud marginal en su vida, sino que aparece continuamente como una característica central en las relaciones que establece Jesús.

¿Por qué razón Jesús actúa así? Carlos Gil nos responde: “Estos datos nos hacen percibir la fuerza y el potencial de la experiencia religiosa para provocar comportamientos sociales alternativos. En el fondo de esta propuesta de Jesús, se descubre la experiencia de Dios como causa de la autoestigmatización de Jesús: Jesús vive y habla así porque Dios es así. Por lo tanto, sus dichos, su mensaje, sus hechos, su estrategia de autoestigmatización no son algo accesorio o casual; son consecuencia directa de la experiencia religiosa de Jesús, del descubrimiento de un Dios que pretende renovar Israel desde la asunción positiva de algunos valores considerados negativos, para, así, desenmascarar las malévolas estrategias de los poderosos, provocar una revisión de las etiquetas sociales, alterar las clasificaciones sociales con el fin de propiciar una alternativa que aún no existe pero ya apunta, ofrecer una posibilidad a aquellos que nunca la han tenido y , en fin, mostrar ese nuevo rostro de Dios a través de todo ello. El Dios de Jesús se descubre, sobre todo, en el modo de vivir de Jesús: Dios es como vive y habla Jesús[2].”

Creer en el Dios de Jesús significa participar en su proyecto social alternativo, propiciar una inversión de valores, que permita cubrir las necesidades de quienes viven en la marginación. Como el leproso del evangelio, cuyas necesidades de contacto físico y reintegración en la comunidad fueron cubiertas con el valiente gesto de Jesús.

Pensemos en los numerosos “leprosos” de nuestro tiempo, aquellos que estigmatizamos por ser “diferentes”, sea por su origen racial, por su condición social o por sus comportamientos y opciones de vida. ¿Qué etiquetas sociales es necesario cambiar para darles una oportunidad de integración plena a la comunidad? ¿Qué estructuras sociales y formas de pensar hay que transformar para dar oportunidad a quienes nunca la han tenido?

Cuestionemos nuestros propios comportamientos, juicios, interpretaciones, diagnósticos, etiquetas, comparaciones y generalizaciones que impiden acercarnos a corazón abierto a quienes son “diferentes”. Si actuamos movidos por el miedo a la diferencia o a que se nos estigmatice, movidos por la culpabilidad o la vergüenza, nos alejamos de la fraternidad común que nos une con todos los seres humanos y reforzamos sistemas sociales contrarios al querer de Dios. Seamos imitadores de Cristo Jesús, como el apóstol Pablo nos invita.

 

Antonio Kuri Breña Romero de Terreros, MSpS.

 

[1] R. AGUIRRE, C. BERNABÉ, C. GIL, Qué se sabe de Jesús de Nazaret, Verbo Divino, Navarra, 2011, p. 118.

[2] Op.cit. pp. 122-123.

Imagen destacada: Encontrada en internet en : http://misagregorianatoledo.blogspot.mx/2016/08/la-lepra-es-figura-de-la-falsa-doctrina.html

Comentar

Abrir chat
¡Hola! ¿En qué podemos ayudarte?
Powered by