SANTÍSIMA TRINIDAD, CICLO A

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Lecturas: Ex 34, 4-6.8-9; 2Cor 13, 11-13; Jn 3, 16-18.

 

 

El Misterio de la Santísima Trinidad, que hoy celebramos, significa la confesión agradecida de que Dios está actuando siempre; a cada momento está abriendo nuestro presente a la eternidad, ya triunfemos, ya fracasemos en la vida.

Con su vida, Jesús nos manifestó esta gran verdad de un Dios, que no se aferra a su condición divina, sino que se despoja en un movimiento kenótico de abajamiento, y es capaz de llegar al absurdo de lo inhumano y hasta la muerte de cruz. El crucificado, el fracasado, es el glorificado y exaltado que ha recibido “el Nombre sobre todo nombre, de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre .”

La presencia de Dios Trinidad está en nuestros éxitos y fracasos. Y esta presencia es la verdad última que sirve de soporte y sostiene todo cuanto existe, otorgándole una admirable unidad. En palabras de Teilhard de Chardin diríamos que “el Universo es la transparencia de Dios”, no sólo es el rayo que roza, sino el rayo que penetra todo; no sólo es la epifanía de Dios, sino su diafanía .

Los cristianos reconocemos que todo cuanto existe lleva en su estructura misma una huella trinitaria de la cual también nosotros participamos. Somos hechos hijos de Dios Padre, por medio de su Hijo en el don de su Espíritu. Somos, en Dios Trinidad. La Trinidad creadora significa el punto de partida no-dual, para reflexionar acerca del origen del ser humano como criatura salida de las manos amorosas de Dios.

Además, esta presencia del Dios Trinidad es Misericordia. Como hoy nos recuerda la primera lectura, Dios es “compasivo y clemente, paciente, rico en bondad y lealtad, que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados”.

Por desgracia, hemos complicado y tergiversado este Misterio central de nuestra fe con nociones demasiado antropomórficas de Dios, lo hemos deformado al punto de hacerlo inaceptable. Hace ya mucho tiempo que Orígenes de Alejandría -siglo III de nuestra era- nos alertaba contra una visión demasiado antropomórfica del misterio de Dios. El Alejandrino afirmaba con razón que los antropomorfismos en la Biblia solamente son una manera de hablar, para que nosotros podamos comprender. Por ejemplo, en una homilía, Orígenes dice: “cuando las Escrituras hablan teológicamente de Dios tal cual es en sí mismo y no mezclan su economía con los asuntos humanos, dicen que Él no es como un hombre. Pero cuando la economía divina se mezcla con los asuntos humanos, Dios lleva la inteligencia, las maneras y el lenguaje de un hombre. Hace como nosotros cuando hablamos a un niño de dos años. Finge, por tanto, no saber lo que te sucederá en el futuro, a fin de respetar tu autodeterminación al no haber presumido ni previsto si te convertirás o no…si oyes hablar de la cólera de Dios y de su ira, no pienses que la cólera y la ira sean pasiones de Dios. Son maneras adaptadas del lenguaje usual para convertir y mejorar al lactante .”

Hablar de Trinidad es, pues, hablar de Misterio. Hablar de Trinidad es afirmar que la realidad Una tiene una misteriosa estructura trinitaria. Esta estructura permite comprender la unidad y la pluralidad de lo real en un todo armonioso; permite reconocer una huella cristológica y una presencia del Espíritu vivificador en todo lo creado, pero sobre todo, en el ser humano. Todo cuanto existe está preñado de la amorosa presencia de Dios Trinidad. Y si Todo es Uno, estamos en relación unos con otros, inter-somos, no sólo con el resto de los seres humanos, sino con el cosmos entero y todo su ornamento.

Nuestra estructura relacional trinitaria nos recuerda que fuimos creados para un triple encuentro: encuentro filial en relación con Dios, encuentro fraterno en relación con nuestros semejantes, encuentro respetuoso y armonizador con todo cuanto existe. Somos Uno con Todo y con todos. Vivir en esta conciencia, es glorificar a Dios.

Y la gloria de Dios Trinidad, unidad y relación, consiste en mantener el dinamismo vital de todo cuanto existe, desde dentro. Como dice el Sal 104: “si retiras tu aliento, las criaturas vuelven al polvo”. Dios actúa con su dinamismo vital, preñando de su presencia y vitalidad todo cuanto existe, respetando como sagrada la libertad humana y acompañándola sin forzarla. Al abrirnos a la Trinidad, todo se nos da en un instante y nuestra libertad adviene .

Al centro del Misterio Trinitario está el ser humano. Dios Trinidad se comunica a cada ser humano, se hace siervo para que el hombre se haga Señor, se hace esclavo para que el hombre se haga Dios; así lo afirma San Juan de la Cruz: “Comunícase Dios en esta interior unión al alma con tantas veras de amor, que no hay afición de madre que con tanta ternura acaricie a su hijo, ni amor de hermano ni amistad de amigo que se le compare. Porque aún llega a tanto la ternura y verdad de amor con que el inmenso Padre regala y engrandece a esta humilde y amorosa alma, ­¡oh cosa maravillosa y digna de todo pavor y admiración!­, que se sujeta a ella verdaderamente para la engrandecer, como si él fuese su siervo y ella fuese su señor. Y está tan solícito en la regalar, como si él fuese su esclavo y ella fuese su Dios: ¡tan profunda es la humildad y dulzura de Dios!”

¡Qué profunda humildad y dulzura de Dios! ¡El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se ponen a mi servicio, para que yo siervo y esclavo, pase a ser Señor y Dios.

Antonio Kuri Breña, MSpS.

 

Imagen destacada:

La Santísima Trinidad, de Lucca Rossetti,  1738-1739.
Fresco
Iglesia de San Gaudencio, Italia.

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