LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

881 visitas

Lecturas: Hch 1, 1-11; Ef 1, 17-23; Lc 24,46-53.

Con este domingo de la Ascensión termina la aventura de Jesús y comienza la aventura de sus discípulos. Jesús no se aleja, sino que se queda permanentemente entre nosotros. Sigue vivo, pero ya no es visible. Su acción benévola y humanizadora se hará presente ahora a través de las acciones de nosotros sus discípulos, a quienes nos toca ser testigos y continuadores de su causa. Para ello, contamos con el dinamismo del mismo Espíritu que asistió a Jesús. Los dos libros de Lucas, el Evangelio y los Hechos, nos hablan de este paso de una etapa a otra: de la etapa de Jesús a la etapa de los discípulos de Jesús.

Al final de su primer libro, dedicado al querido Teófilo -el “amigo de Dios”- Lucas escribió “de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.”

En su evangelio, Lucas narra la aventura del vecino de Nazaret, el amigo de los pobres, el sanador compasivo que padeció una muerte espantosa, muerte de cruz, al que Dios confirmó en su misión resucitándolo de entre los muertos al tercer día y exaltándolo a su diestra. Ahora, en nombre de este Jesús, se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Los discípulos son constituidos testigos de estas cosas, y para ello son revestidos de la fuerza de lo alto que el Padre había prometido. En efecto, una vez que comían juntos, Jesús resucitado les recomendó: “No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.”

Jesús ya ha realizado la parte que le tocaba. En un lenguaje para nosotros lejano, pero muy significativo para los judíos contemporáneos de Jesús, la carta a los Hebreos explica la manera como Jesús alcanzó aquello que intentaban lograr todos los ritos del Antiguo Testamento, sin conseguirlo. La carta a los Hebreos declara que el camino de Jesús tuvo poco que ver con ritos religiosos, rezos, sacrificios y ofrendas. Su camino fue la entrega amorosa de la propia existencia

Quizá no alcanzamos a tomar plena conciencia de lo que esto significa. Hemos hecho del seguimiento de Jesús una práctica religiosa más, con sus propias rúbricas rituales, con sus propias ofrendas y sacrificios. No quiero decir que esto sea negativo, pues una necesidad humana fundamental es la necesidad de ritual y de celebración. Lo que quiero resaltar es lo que con tanta fuerza dice la carta a los Hebreos: “Jesús nos abrió un camino nuevo y viviente a través del velo, que es su propio cuerpo. Así mismo, en Cristo tenemos un sacerdote incomparable frente a la casa de Dios.”

El camino nuevo y viviente abierto por Jesús, el sacerdocio que él ejerció consistió en su amor compasivo, amor hasta el extremo. Lo que podemos y debemos imitar de Jesús todos nosotros es su enorme capacidad de conectar desde la compasión con las necesidades más profundas de los hermanos. De conectar desde allí y de hacer lo que esté en nuestras manos para contribuir a que los demás sufran menos y vivan con mayor dignidad. Ése es el sacerdocio que tenemos que realizar como pueblo suyo: dedicarnos fervorosamente a practicar el bien.

La única liturgia que Jesús realizó, el único “rito” que celebró fue su muerte en cruz. Y fue algo que no repitió muchas veces, sino que lo hizo una sola vez y para siempre. Ya no hace falta nada más, ya no tenemos que hacer ningún otro mérito, ya no tenemos que “pagarle” nada a Dios ni tenemos que temblar ante la perspectiva del “castigo divino”. Toda esa religiosidad basada en rezos, ofrendas, mandas, juramentos, obligaciones, viernes primeros, indulgencias conseguidas, ha quedado obsoleta en Jesús. Esto es algo tan fuerte, tan radical, que no acabamos de creérnoslo. Una enorme cantidad de discípulos –de ayer y de hoy- seguimos poniendo toda la verdad de nuestro seguimiento de Jesús en la cantidad de “ritos sagrados” que realizamos. Podemos ser personas muy religiosas y sin embargo estar lejos de ser seguidores de Jesús.

La aventura de los discípulos de Jesús, que inicia con esta fiesta de la Ascensión, consiste en que hagamos lo que Jesús hizo. El papa Francisco ha sabido resumir en una sola frase magistral todo lo que Jesús hizo: “Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la compasión, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales.” (M.V. 8)

Ser discípulo de Jesús, proseguir su causa y continuar su misión es capacitarnos, en la práctica, para que lo que nos mueva en todas las circunstancias no sea sino la compasión, con la cual podemos leer el corazón de nuestros interlocutores y responder a sus necesidades más reales. Hay un camino concreto y práctico que nos lo enseña: es el camino de la comunicación consciente y compasiva, al que Marshall Rosenberg llamó comunicación no-violenta, para alinearse con la espiritualidad de Mahatma Gandhi, que hablaba de la no-violencia como satyagraha: “el poder de la verdad” o “la verdad del alma”, y ahimsa: “yo no soy tu enemigo”

Aprendiendo a conectar con los demás en un nivel profundo, intentando observar los hechos sin juicio ni evaluación, sentir nuestros sentimientos y descubrir nuestras necesidades y aspiraciones profundas, podemos expresarnos con honestidad desde la verdad del alma. Aprendiendo a recibir con empatía a los demás imaginando cuáles son los sentimientos y necesidades que están vivos en ellos a cada momento, podemos comprender que nadie es nuestro enemigo. Que aquellos que dicen o hacen cosas que no nos gustan, son únicamente seres humanos que hacen lo que pueden para salir al encuentro de sus propias necesidades. Y que si ejercen la violencia es porque tienen una enorme hambre de ser vistos y de ser considerados. Y por eso odian y matan. Pero no es odiando como nosotros podemos conectar desde la compasión. No es odiando como Jesús venció al odio y a la muerte, sino conectando compasivamente y amando hasta el extremo de dar su vida.

Antonio Kuri Breña Romero de Terreros, msps.

Comentar

¡Hola! ¿En qué podemos ayudarte?
Powered by