CUARTO DOMINGO DE PASCUA, CICLO B

604 visitas

Lecturas: Hch 4, 8-12; 1Jn 3, 1-2; Jn 10, 11-18.

 

La figura del Buen Pastor, que recoge el cuarto evangelio, tiene sus remotos orígenes en las profecías de Jeremías y de Ezequiel. En el capítulo 23, el libro de Jeremías dice: “¡Ay de los pastores que dispersan y extravían las ovejas de mi rebaño! -oráculo del Señor. Pues así dice el Señor, Dios de Israel, a los pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros dispersasteis a mis ovejas, las expulsasteis, no hicisteis cuenta de ellas; pues yo os tomaré cuentas de vuestras malas acciones -oráculo del Señor. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas en todos los países adonde las expulsé, las volveré a traer a sus pastos, para que crezcan y se multipliquen. Les daré pastores que las pastoreen: no temerán, ni se espantarán, ni se perderán -oráculo del Señor. Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que daré a David un vástago legítimo. Reinará como rey prudente, y administrará la justicia y el derecho en el país; en sus días se salvará Judá, Israel habitará en paz, y le darán el título: Señor, justicia nuestra. Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que ya no se dirá: Vive el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto, sino que se dirá: Vive el Señor, que sacó a la estirpe de Israel del país del norte y de todos los países adonde los expulsó, y los trajo a sus tierras.” (Jr 23, 1-8)

En medio de una situación políticamente muy convulsa, Jeremías profetizó contra los jefes del pueblo. Mientras los grandes se repartían el pastel, los pequeños apenas si lograban sobrevivir. En el tiempo de Jeremías el imperio Asirio, que mantuvo el control durante un siglo en todo Oriente Próximo, estaba en decadencia. El imperio Egipcio trataba de salir en su ayuda, pero los Caldeos, comandados por Nabucodonosor, vencieron a Egipto en el año 605 aC. Y así sobrevino la mayor desgracia para el pequeño reino de Judá, que quedó en medio de las grandes potencias. Judá con su capital Jerusalén debió rendirse ante Nabucodonosor en el año 597; muchos judíos fueron deportados. Diez años más tarde, el rey Sedecías, impuesto por Nabucodonosor, fue arrastrado a la rebelión por grupos nacionalistas y sobrevino la catástrofe. Esta vez, Nabucodonosor arrasó la ciudad y el Templo y organizó una segunda y definitiva deportación. Entre los deportados en este segundo exilio iba también Jeremías.

La predicación de Ezequiel también tuvo como telón de fondo la ruina de Judá y de Jerusalén. El profeta denunció a los pastores de Israel que se apacentaban a sí mismos. “Han bebido la leche de las ovejas, se han vestido con su lana y han sacrificado a las más gordas: no han apacentado el rebaño. No han robustecido a las ovejas débiles, no han curado a las enfermas, no han vendado a las heridas, no han recuperado a las descarriadas, no han buscado a las perdidas, sino que las han dominado con dureza y violencia.” (Ez 34, 3-4)

Este marco histórico nos da la clave para interpretar más a fondo la imagen que recoge el cuarto evangelio. Si en tiempos de Jeremías y de Ezequiel, los malos pastores del pueblo sólo se servían del pueblo para engordar y enriquecerse, el buen Pastor Jesús, en tiempos igualmente desgraciados para el pueblo pobre, dará la vida por sus ovejas.

Notemos la diferencia en la autoridad que unos y otro ejercen. Los jefes del pueblo judío, en los tiempos de Jeremías y Ezequiel, no se tentaban el corazón con la desgracia de su pueblo, más bien engordaban y prosperaban. En cambio, Jesús, compadecido de su pueblo, viene a darnos vida en abundancia.

Y es que no es lo mismo una “autoridad sobre” que una “autoridad con” o una “autoridad para.” Habitualmente, se piensa que la autoridad es algo que alguien tiene “sobre” los demás; y que la gente “debe hacer” lo que ordena la persona que tiene autoridad. Este poder viene asignado a través de la experiencia, el puesto que se ocupa en la sociedad o las creencias. Esta clase de autoridad es otorgada a los padres, los maestros, los políticos, los jefes, la policía, los médicos, los sacerdotes…

Cuando contemplamos y vivimos la autoridad en la forma habitual del “se debe/ no se debe”, entonces denegamos nuestra posibilidad de elegir. Creemos que “debemos hacer” aquello que la persona que tiene autoridad diga que tenemos que hacer, porque ella lo dice. Como sucede con el resto del pensamiento de “se debe/no se debe”, aquí no hay lugar para el reconocimiento de las necesidades de las partes en cuestión. Y, además, este tipo de ejercicio de la autoridad está con frecuencia acompañado de una profunda desconexión de nuestra vida y de la vida de los demás. Esto es lo que los profetas Jeremías y Ezequiel denuncian.

Hay otra manera distinta de vivir la autoridad. Es una autoridad al estilo de Jesús: una “autoridad con” o “autoridad para”. Se trata de una autoridad conectada con la Vida. Este tipo de autoridad está basado en el cuidado y la conciencia de las necesidades mutuas, las necesidades de todas las partes implicadas en una relación o en un conflicto. Este tipo de autoridad se opone al pensamiento del “debes/no debes”. En este tipo de autoridad, el liderazgo viene de la confianza y el respeto, y se opone al poder basado en el miedo o la imposición. La “autoridad conectada a la vida” pide la práctica del cuidado, la conciencia y la comprensión de las necesidades. Pide que actuemos de un modo que construya la confianza, estando al servicio de la gente que nos pide liderar.

Sin duda, éste fue el tipo de autoridad que ejerció Jesús; y con razón dice: “Yo soy el buen Pastor”. Por esto, “Jesús es la Piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. Ningún otro puede salvarnos, pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido como Salvador nuestro”.

Una autoridad al servicio de la vida ha sido también practicada por personas como Mahatma Gandhi, Martin Luther King jr, Nelson Mandela y otras personas en quienes se podía confiar plenamente, pues eran capaces de establecer una conexión sagrada e incondicional con la vida. Pensar en esto, y más en tiempos en los que en México estamos por entrar a la contienda electoral para elegir a nuestros gobernantes, me compromete a construir este tipo de autoridad como sociedad y me da esperanza en un futuro bueno.

 

Antonio Kuri Breña Romero de Terreros, MSpS.

 

Imagen destacada: El Buen Pastor. Cristóbal García Salmerón, Siglo XVII.Actualmente se encuentra en  el Museo del Prado, Madrid.

Comentar

¡Hola! ¿En qué podemos ayudarte?
Powered by